lunes 30 de noviembre de 2009

Digestión

Por compromiso. Por hambre. Por ansia. Por curiosidad. Por gula. Por imitación. Por que va a ser bueno para mi. Por una apuesta. Porque sí.

Por desgracia y en más de una ocasión, a todo el mundo le toca comer algo que no le va a sentar bien a su estómago. Puedes sospecharlo desde el primer mordisco o descubrirlo por sorpresa una madrugada en casa ajena.

Brocoli. "El vegetal más mortífero de la Tierra. Hasta trata de advertirnos con su horrible sabor"

Puede ser porque la comida era demasiado pesada, porque los alimentos están en mal estado, porque no has masticado lo suficiente, porque has comido más de lo que debías, por mezclar ingredientes incompatibles, o porque, simple y llanamente, la vida es así y te toca dolor de barriga.

A partir de ahí, es tu digestión contra los elementos.

Seguro que no hace falta que te lo diga, pero la importancia de digerir lo mejor posible lo que, por unas razones u otras, te cae entre pecho y espalda es fundamental. Dolor, gases, retortijones, diarrea, vómitos, inapetencia, fiebre... Una mala digestión puede condicionarte el resto de actividades cotidianas en aspectos que fácilmente trascienden los efectos físicos. Y lo sabes también: trata de tomarte un café con la guapa de la oficina, de dormir con tranquilidad, de alejarte del baño más de 15 metros, de subirte en un ascensor...

Por eso, cuando no te queda otra que masticar lo que te ha caído en el plato, tienes que tratar de hacer una buena digestión.

Hoy he terminado por fin con el menú especial del examen. Ya te sabes la historia. Lo pedí por gusto, porque me gustaba la pinta que tenía la comida en la foto de la carta y por la promesa de una sobremesa llena de tranquilidad vital y placeres para el paladar. "Además es muy sano", me decía a mi mismo.

El primer plato fue un revuelto de apuntes y bibliotecas. Un calvario, porque el salteado de dedicación, sinsabores y renuncias no resultaba fácil de masticar y se me hizo demasiado largo e ingrato. Estaba soso y no se distinguía un bocado de otro. Mientras, a mi alrededor la gente se relamía con sus variadas y sabrosas guarniciones masticadas con todo el tiempo libre del mundo. ¡Qué envidia se pasa cuando optas por comer lo que le conviene a tu cuerpo!

El segundo fue un filete a la plancha de examen. Estaba duro y seco. Me duró muy poco y además fue bastante difícil de tragar, porque las prisas y el calor no me dejaron saborearlo como es debido. Entre el masticar atropellado del momento y el regusto amargo que se me quedó en el paladar no fui capaz de disfrutarlo. Aunque ahora creo que es mejor así, porque me parece que el plato era bastante peor de lo que me pareció en aquel momento, con la euforia del hambre satisfecha.

El postre sí fue magnífico: mañana relajada con virutas de sueño profundo y cielo azul. Lo malo es que me duró poco, porque lo pillé con ganas y me trajeron la cuenta enseguida. El restaurante quería cerrar pronto.

Ahora que el cargo en la tarjeta se ha confirmado, ahora que los resultados del examen son definitivos y son un palo en mi cuenta, no puedo evitar el mal sabor de boca que me ha dejado esta comida. Tan claro es ese regusto a decepción e impotencia que me hace temer una mala digestión y un tiempecito en la enfermería. Aún así, me parece que esta vez no va a ser necesario el lavado de estómago ni el antiácido. Quizás esta digestión llegue a ser más pesada de lo normal, pero no me va a doler la tripa ni voy a tener el mal cuerpo que tengo ahora demasiado tiempo.

Y es que tengo el estómago a prueba de bombas. No sé si será cosa familiar, genética, cultural o ambiental, pero creo que puedo digerir cualquier cosa que me caiga en el plato.

Todo lo que puede pasar es que un día de estos tenga que pedirte un poco de bicarbonato... Sólo por si acaso, tú sabes...

domingo 15 de noviembre de 2009

Semana

Hace justo una semana una voz potente pero con el deje repipi del que se esfuerza en pronunciar todas las eses en Sevilla decía aquello de "Quedan quince minutos".

Hoy parece que ha pasado un mes o dos de aquel momento en el que la cara me ardía, la cabeza quería empezar a dolerme y las manos seguían a duras penas las necesidades de relectura y marcado de respuestas que mi mente dictaba inmisericorde. ¡Qué cortas se hacen tres horas cuando hace mucho tiempo que perdiste la cuenta de las horas dedicadas a prepararte para ese momento!

A partir de ahí, unas horas de euforia intranquila que se disfrazaba con la frase más socorrida de la noche: "Por fin se ha acabado, por fin soy libre". A la mañana siguiente, después de un par de pastillas para la cabeza y unas cuantas horas de sueño profundo, la sensación de liberación triunfaba en un día que acompañaba con un cielo claro y azul, un airecito fresco y un sol agradable de tomar. Lástima que a media mañana saliera la plantilla de respuestas y la esperanza se trocara en decepción.

Y bien amarga que fue. Igual que el paseo de unos metros para comunicar la noticia a quien esperaba con más fuerza y ganas que yo la buena noticia. Y lo mismo con las (pocas) llamadas para decir "Oye, que no he llegado, que me he quedado a 4 respuestas". Qué día más malo, con lo que prometía al amanecer.

La semana ha pasado lentamente, como si respetara mis sentimientos. Y aunque empecé a hacer lo que había esperado retomar durante tanto tiempo, no lo he disfrutado con plenitud. Deporte, lectura, videojuego, descanso, hasta trabajo. Todo vivido con la extraña sensibilidad que tiene el tejido cicatrizal, esa que atenúa las intensidades de los estímulos y transforma la sensación provocada en la piel en algo ni más agradable ni más molesto, en algo distinto.

El factor de curación ha hecho su trabajo. Lo está haciendo. Sólo le hace falta tiempo. Y se lo estoy dando, junto con ese apoyo que tú me has hecho llegar como haces siempre. Y lo noto funcionar en varios niveles, y me dejo curar y recuperar porque quiero seguir adelante.

Que no hay ningún drama en lo que ha pasado, que aún hay remotas posibilidades de que todo cambie, que no hay motivo para bloquearse ni deprimirse, que queda mucho bueno por vivir y disfrutar a la vuelta de la esquina, que hay que buscarse los garbanzos y saborear las cervecitas de mañana y pasado, que hay que estar fuerte para cuando vengan tiempos duros...

Que, recurriéndo al tópico más grande del mundo, hoy es el primer día del resto de mi vida. Y mañana también.



La copla es una tontada, pero la escucho y sonrío. Y te vuelvo a enchufar un video porque es una canción perfecta para este preciso momento. Una patada en el culo para la autocompasión tentadora que me ronda(ba) y un recordatorio de que lo mejor de esto es que ya se ha acabado el sacrificio y que soy libre de nuevo para aprovechar el tiempo en lo que yo quiera.

Un lujazo, ¿a que sí?

sábado 7 de noviembre de 2009

Haka

Víspera de batalla de nuevo.

El aire es más cálido de lo que debería por esta época del año, pero supongo que es normal cuando te vas a enfrentar contra el Dios Volcán que ha condicionado tu vida y la de tu tribu durante demasiado tiempo ya.

Delante está su ejército de 104 Teh-Mash-Rio, los guerreros de lava del Volcán Ohp-Hosi-Tihon, famosos en estas islas porque queman y reducen las cabezas de sus enemigos a masas chamuscadas y temblorosas. Pocos son los que les han vencido en el pasado y muchos los luchadores que han sucumbido a su despiadado encuentro. Y pocos sobrevivirán al combate de mañana, como ya está escrito.

Mi ánimo es negro. Negras las nubes, negros los recuerdos. Negro veo el futuro y las posibilidades de acabar el día con victoria.

Pero eso no va a detener a mi pequeña tribu de trabajadores y artesanos Ghan-nasks, Memoritikis y Su-hert-udos. Vamos a dar todo lo que tenemos. Y caeremos o nos alzaremos con la cabeza igual de alta y orgullosa. Porque vamos a rescatar al sol de su cautiverio injusto.

Esta negra noche no teno claro si nuestra danza de guerra será más útil para asustar a los adversarios, como pretende, o para infundir la valentía, la confianza y la ferocidad en nuestros corazones normalmente pacíficos. Espero que inspire ese miedo y esa furia a partes iguales

Porque es hora de que el enemigo conozca el terror que le espera. Hermano maorí, es la hora de la Haka. La batalla va a empezar...



Ka mate! Ka mate! Ka ora! Ka ora!
¡Muero! ¡Muero! ¡Vivo! ¡Vivo!
Ka mate! Ka mate! Ka ora! Ka ora!
¡Muero! ¡Muero! ¡Vivo! ¡Vivo!
Tenei te tangata puhuru huru
Este es el hombre peludo*
Nana nei i tiki mai
Que trajo el Sol
Whakawhiti te ra
Y lo hizo brillar de nuevo
A upa....ne! Ka upa...ne!
¡Un paso hacia arriba! ¡Otro paso hacia arriba!
A upane kaupane whiti te ra!
¡Un paso hacia arriba, Otro hacia arriba....el Sol brilla!
Hi!

*NOTA del T: Que dice la wiki, que en la tradición maori, el hombre peludo equivale a hombre valiente. Que no es un autochiste, que no tendría tampoco mucha gracia, aunque por falta de pelo y de valentía nunca he tenido quejas, que todo hay que explicarlo, porque hay gente que se quiere siempre enterar de tó y no deja pasar ni una, leches...

viernes 6 de noviembre de 2009

Diggin' Deeper

Ya estoy aquí de nuevo. Al final de la temporada. Con los mismos sentimientos que el año pasado, aunque asumiendo que esta vez no estoy pleno de reflejos, ni de fuerzas, ni de esperanza...



After 86 games, there's part of you that wonders if there is anything left.
If you have anything more to give.
But somehow, from somewhere, you find it.
You dig deeper. You have to.
Because if you don't, you go home.

Supongo que acabaré volviendo a casa de un modo u otro, aunque lo que más pesa en los hombros a estas alturas no es la posibilidad del fracaso "académico". No estoy en buena forma esta vez. De nuevo, paladeo el sabor mezclado de nervios, miedo, agobio y angustia por un temario abrumador, pero este año sé que no estoy tan cerca como me sentí entonces.

Aún así, hago mía la afirmación del vídeo: de alguna manera, en algún sitio, pienso encontrar lo que sea que haga falta para darlo todo dentro de dos días. Espero, cavando como estoy, profundizar lo suficiente y llegar a tiempo.

Esta vez me conformo con el subcampeonato y todo... Je...


miércoles 9 de septiembre de 2009

90909

999

Es "Al Acram Ed Al Aitseb".

O eso o es un precio de rebajas, no lo tengo claro...

En realidad no es más que una cifra al azar en el flujo infinito (o finito, vete a saber, que la astrofísica y la metafísica definitivamente no son lo mío) del tiempo medido por humanos. Un número curioso, que no se repetirá en los calendarios en tanto no se decida algún día resetear el tiempo, o volverlo del revés, o sustituir los segundos como unidad de tiempo del sistema internacional por, un poner hipotético, los intervalos que tarda un estudiante de oposiciones estandar en comerse una patata (¿?) Pringle y sacar la siguiente del tubo con sus manos regordetas y pringosas (que seguro que es más fácil de medir que lo que hay ahora, no me jodas).

En realidad, la cifra redonda sólo ha significado "miércoles". Ha hecho calor, pero no ha sido como si se hubieran abierto las puertas del Averno. Y, ahora que se está terminando, la verdad es que el día ha sido muy normalito tirando a chungo. Uno más de los que llevo este verano y uno menos de los que me quedan hasta el examen.

Y mira que lo siento, como te puedes imaginar. ¡Anda que no viste nada un buen post épico de esos que acostumbro para romper las frecuentes rachas de abandono del Factor!... jugando con el simbolismo del Anti-Anticristo, con la batalla de las huestes del infierno y del cielo en el día del Anti-Apocalipsis, o con el vestido hiperbólico que podría haber disfrazado un hecho tan trivial como es este de teclear un rato.

Vuelvo a echar mano del Factor de Curación. Pero no porque necesite su poder especialmente, tranqui, sino porque lo estaba echando especialmente de menos. Justo ahora.

Ahora que mis rutinas se re-encarrilan y vuelvo a sentirme socialmente útil en un trabajo de los que pagan al final de mes y todo. Ahora que me resulta más fácil concentrar esfuerzos porque cuento con mucho menos tiempo disponible que desperdiciar. Ahora que madrugo por obligación y no por vicio...

Y mira que sigo sin tener acontecimientos relevantes dignos de ser tallados en piedra, que mi vida sigue siendo tirando para monótona y aburrida, pero he recordado que me apetece echar algún rato muerto ejercitando el pensamiento paralelo mientras busco la forma más amena para contar la chorrada de turno que se pasea, fugaz o repetidamente, por mi tan ocupada mente consciente, que lleva "en blanco" unos pocos meses ya. Y tú llevas demasiado tiempo de tranquilidad, ¿no crees?. Hace demasiado que no comparto esos "reflejos de mi retorcida mente que me devolvían la mirada" que dice la copla de ahí abajo:

"I left alone. My mind was blank.
I needed time to get the memories from my mind.
What did I see? Can I believe?
That what I saw last night was real
and not just fantasy.
Just what I saw, in my old dreams,
were they reflections of my warped mind
staring back at me..."

No sé lo que va a durar esta racha, aunque seguro que un par de orgullosos post puedo pergeñar antes de aparcar el blog otra temporada. Y es que tampoco veo clara la disponibilidad de tiempo que voy a tener, porque cuando se confirme que debajo de las orejillas que intuyo ya en el horizonte hay un peazo lobo que viene detrás de mí dudo que me pare a contarte el miedo que tengo... (y es que te aclaro que no me pienso dejar masticar tranquilamente, faltaría más... Por lo menos que cuando me pille me encuentre sudoroso, maloliente y con agujetas de correr como un poseso... jejeje... a ver si se envenena conmigo...).

En resumen: que hoy es día 9 del 09 del 09 y me ha parecido una fecha perfecta para volver a dar la barrila. Me gusta el día. Me gusta el número. El número DEL Bestia. Caña.


Advertencia: cuando le des al play tienes que estar cabeza abajo, que si no no vale para hoy...

Hale. Y si crees que "esto no debe continuar y que debes informar a las autoridades" como recomienda Mr. Dickinson, creo que su teléfono es el siguiente:

666 999 091

Y ten cuidao con el Anti-Apocalipsis. Y con las cervicales cuando agites la melena.

martes 26 de mayo de 2009

Aprender de los profesionales

Es una evidencia que hay que aprender de los que saben. Y eso también va por tí, profesional de mierda.

Después de examinar el magnífico trabajo de desmembramiento que hiciste el otro día, no puedo más que aplaudirte y tomar notas por la precisión, la limpieza, la rapidez y el buen pulso.

¿A quién pueden no revolvérsele las entrañas con la imagen?

Y como quiero demostrarte lo buen alumno que puedo ser y lo rápidamente que aprendo, te voy a explicar cómo voy a aplicarte tu propio método como te pille alguna vez jugando con los retrovisores de mi coche de nuevo:
-Primero te voy a agarrar firmemente el antebrazo, haciendo un poco de palanca para dejarte el codo extendido y la palma de la mano orientada al cielo. Y estate quietecito, que como intentes escaparte puedes hacerte daño.
-Después, apoyando mi hombro en la parte posterior de tu propio hombro, voy a girar tu brazo extendido hacia atrás, mientras te fijo el cuerpo contra el coche con todo mi generoso peso corporal.
-Cuando el giro de tu brazo llegue a su tope máximo, llega la parte complicada. Tengo que tener cuidado para no romperte el húmero por error, no quiero arruinar la pieza de repuesto...
-...así que relajo la presión lateral en el hombro, bajo el mío y vuelvo a cargar en diagonal hacia arriba y hacia el frente, sécamente y con fuerza.

Avances didácticos: ¡Planes de venganza con esquemas ilustrados!

Y ya está hecho. Tienes el hombro dislocado. Si no estuvieras gritando de dolor, hubiéramos podido oir el sonido que hace la cabeza del húmero al salirse de la articulación. Un "crack". O un "plop". Pero es que algo se tiene que romper para que la pieza que te interesa quede intacta, ¿no?

Aún así, tienes suerte de que no necesite un brazo de repuesto, bastardo. Porque a partir de este punto ya sólo harían falta un par de cortecitos y un buen tirón para dejarte con los ligamentos colgando como tú dejaste los cables de mi coche cuando decidiste robar mi retrovisor. Aunque procura que no te pille dos veces, no vaya a ser que me cabree un poco de más y pruebe a ver qué pasa...

Al fin y al cabo, creo que si tú conviertes mi coche en una tienda de repuestos bien te puedo yo considerar un donante de órganos, ¿no te parece, pedazo de escoria?

lunes 11 de mayo de 2009

Miedo

El mecanismo del miedo se había despertado mucho antes de que yo tuviera la menor oportunidad de darme cuenta de qué estaba pasando, sumergido en la inconsciencia del que se siente seguro en esos callejones oscuros que cree conocidos.

¿Y quién me mandaría a mi? Con lo a gusto que estaba en mi casica...

No hubo un aviso previo, ni una música tétrica acompañada de un susto de muerte, ni un ramalazo incendiario de lucidez que indicara lo que estaba a punto de pasar. Sólo una sensación, lentamente creciente, de desasosiego y ansiedad contenida. Indefinible e inidentificable, pero tan real que iba rasgando poco a poco las capas adormecidas que la separaban de la consciencia: cada vez estaba más clara la amenaza de que había algo a lo que temer en esa oscuridad que parecía tan segura hasta ahora mismo.

La traducción somática de la sensación también había comenzado a sentirse, aunque permanecía ignorada por la inercia de un cuerpo demasiado relajado. Así, la boca del estomago se hacía presente con una contracción muscular constante y un recuerdo de sabores amargos. Estaba empezando a estar claro que algo no iba bien: el miedo estaba haciendo su grande-entrée con un redoble de corazón desbocado y una pirueta de pánico ancestral. Ta-daaa.

La reacción psíquica y somática al miedo fue inmediata y abrumadora. La mente se reseteó parcialmente, eliminando todo lo que no era urgente para escapar, para salir vivo e indemne de la amenaza. En aquel microsegundo, no estaba usando el escaso tiempo en buscar por qués ni motivos, porque lo prioritario era huir, correr aunque no tuviera ni idea de dónde estaba ni a dónde tenía que ir. Las referencias que estaban tan claras en condiciones normales se difuminaron y pasaron a un segundo plano que sólo podía ser interpretado por el instinto a un nivel subconsciente y animal.

Mi consciente, tan racional y controlador como cree ser, sólo se ocupaba de traducir las señales sensitivas necesarias para convertir un cuerpo flojo en una maquina de escapar. De eso y de que las primeras maniobras de huida (librarse de estorbos, tensar musculatura, bombear adrenalina, no tropezar con los obstáculos inmediatos) salieran lo mejor posible. La información fluía de alguna manera desde la sala de maquinas instintiva y un puente de mando confuso, caótico y muy, muy asustado.

De repente, me vi moviéndome con una seguridad y eficacia impropia del humano adulto en el que me he convertido (sedentario, conformista, aburguesado). Pero claro, es que me estaba dedicando solamente a escapar de la amenaza que me estaba pillando. A la vez, la parte racional de mi cerebro era un poco más consciente de lo que me se jugaba en esa partida, aunque desde un puesto de espectador, sin ser capaz de entender del todo el movimiento y la locura desatada...

Mientras, el miedo estaba haciendo su trabajo de desinformación perfectamente, y logrando inyectarme en la mente imágenes de las consecuencias de ser atrapado, anticipándome el dolor y la vergüenza, convenciéndome de que no había tiempo, que no había salida, que estaba perdido. Gasolina para el motor de la paranoia que impulsaba la huída desesperada.

Aún con la seguridad de tener al depredador respirándome en el cogote, siempre en el microsegundo previo a que me diera caza, los automatismos de autoconservación grabados en los genes hace un millón de años hacían su trabajo. Y aunque estaba siendo tremendemente rápido, me iba alcanzando. Y aunque ya sabía la dirección y distancia de la escapatoria, me iba angustiando la certeza del momento en el que me iba a cazar.

Ese momento llegó a la vez que el rayo de esperanza me iluminara el ánimo, justo cuando ya llegaba a la seguridad de la escapatoria, en el momento en el que las yemas de mis dedos casi tocaban la libertad del que ha burlado a la muerte, en un climax opuesto al de los finales felices de las películas. Justo cuando podía llamar a las puertas del cielo con alivio, me alcanzó la angustia...

...y nunca estás preparado para el dolor de ese momento... ni para el sonido el líquido que se derrama que viene con él... ni para que el mundo se tambalee y se te doblen las rodillas... ni para ver cómo las salpicaduras se extienden por la pared y el suelo y no puedes hacer nada para retenerlas... ni para el olor dulzón y ácido que te aturde más aún... ni para desear que se acabe lo más rápidamente posible...

Cinci, como se te vuelva a ocurrir darme pollo asado con coco y limón para cenar, te van a tener que sacar del ombligo el papel albal con el que lo envuelvan con unas pinzas fuertes y afiladas. Sin acritud.

Pollo wins! Perfect!

Y ahora, ¿dónde carajo se guarda la fregona y los productos de limpieza en esta casa?... que son las tres de la mañana y tengo que recoger el desastre y controlar los daños antes de que se levante la anfitriona, si no quiero saber a qué se parece un peligro de muerte de verdad...

domingo 12 de abril de 2009

Por bocazas

Zas, en toda la boca.

Justo el día después de presumir con bastante poca humildad de que llevaba dos meses y pico sin perder el tren (a pesar de levantarme antes que las gallinas ponedoras de producción intensiva, esas a las que encienden la luz de madrugada para convencerlas de que ya es de día y empiecen a echarle huevos al asunto), me llegó la preceptiva cura de humildad cuando una azafata soñolienta y aburrida me decía amablemente que "...ese billete tiene fecha de ayer...".

La primera y segunda reacciones de estupefacción y búsqueda frenética han durado muy poco, porque mi cerebro ha reaccionado a la costumbre con aceptación y bochorno. Así que cerré la bolsa y la bocaza,me dí la vuelta y me despedí con un "Buenos días" bajito y correcto (no fuera a escapárseme sin querer la letanía que se repetía en bucle en mi cabeza, esa palabra de dos sílabas con un significado bastante feo y vulgar).

Como ya no tenía sentido volver a casa a por unos papeles inútiles, me he dedicado a rebotar cual pelotilla de squash entre taquillas, mesas de atención el cliente y estancias para personal de cabina del tren, tratando de arreglar un problema de mecánica cuántica. A saber: es algo que se puede solucionar en 3 minutos si te dejan hacerlo a tí (anular un billete, sacar otro), pero que si se intenta solucionar in situ, trabajas 40 minutos para no lograr al final ninguna solución válida. Es pura cuántica: da igual que trastees con el tiempo, el espacio, la energía, los procesos imaginarios y las (nulas) ondas (cerebrales) de los parámetros de partida del experimento...

Acabas incandescente y con amenaza de explosión de partículas. !Ba-da-booom!
"Me tienen ya hasta los orbitales, oiga..."

Al final se ha solucionado como casi todo en esta perra vida: soltando pasta, perdiendo tiempo y rumiando un cabreo. Gajes del oficio de ser humano en occidente, supongo.

El caso es que la anécdota, fuera de la poca (para mi) o mucha (para tí) gracia que pueda tener, viene a confirmar una vez más que está muy feo presumir. O, por lo menos, está muy feo que yo presuma. Porque a esa acción (que no voy a decir que sea del todo inocente, lo reconozco) siempre la sucede una reacción que me da, precisamente, en toda la boca.

Zas.

Algunas de estas veces me ha dado por imaginar que tengo un ángel de la guarda asignado, con atribuciones de agente de la libertad condicional y de protección civil relacionada con mis actos y mi persona.

Y me imagino al pobre diablo (eeeem, es una frase hecha, ¿vale?) en una sala de monitores, reclinado en una silla giratoria y con las alas colgadas del perchero, echando turnos de 18 horas pendiente de mí, tratando de que no me meta en líos ni que la líe parda a mi alrededor con el perjuicio consiguiente que pueda darse en bajas personales y pérdidas materiales. Y, sinceramente, no creo que sea un trabajo fácil ni llevadero. Supongo que es posible que tuviera que escoger entre el paro y yo, y que esté esperando respuesta para su solicitud de cambiarse a guardar a la Winehouse (que por lo menos será más entretenida de proteger...).

El caso es que supongo que, pese a ser un agente del cuerpo de intervención divina, la criatura será aún suficientemente humana para que le lleven los demonios (ejem, tú me entiendes) cuando alguien se quiere atribuir sus méritos, que es justamente lo que intenté hacer yo con el post presumido del otro dia...

Por eso no me habría extrañado nada que hubiese hurdido un plan mefistotélico (jodeeeeer) de venganza, y que trastease los botones precisos para distraerme lo suficiente para confundir los billetes de un día y de otro, y que (cosa impensable en una persona desodenada hasta el caos como yo) no le hiciese caso a ese impulso de comprobar en el último momento la fecha de los billetes que, al fin y al cabo, estaban perfectamente colocados en el sitio de los billetes.

Creo que fue una voz desde mi conciencia interior la que me susurró (creo que con el reverberar de los coros de iglesia o de las megafonías chungas) algo así como "¿Ves como están en su sitio? Tira para la estación, corre, no llegues tarde y estate tranquilo con los billeticos..."
Se descojona, el cabronazo...

Que no digo que no me merezca el escarmiento, que está muy feo presumir y no se debe hacer y todo eso, pero no me parecen formas de ejercer el poder seráfico, la verdad.

Aunque si con ese desahogo se mejora en algo el trabajo del pobretico que se encarga de cuidarme, lo daré por bien empleado. Que me temo que le vienen épocas en las que va a acabar con los cuernos retorcíos (subconsciente, ¡para ya!...) de lo aburrido de mi vida y de la influencia para que me salga todo medio bien.

Que nunca viene mal un ángel de la guarda motivado y cumplidor cuando te metes en jardines laborales y opositoriles, ¿no?...

miércoles 1 de abril de 2009

Good morning, Vietnam...


Muchos de los trenes que he cogido los dos últimos meses hubieran salido sin mí si no hubiera sido por dos chicas del parking de caravanas dando una vuelta, o porque no hay nada malo en un poco de destrucción.

Las chicas del parque de caravanas preceden al ritmillo saltarín y machacón de "Without me", la canción de Eminem. La referencia al "trouble boy" al que le gusta destruir es el principio de las guitarras y la batería de "The fallen" de los Franz Ferdinanz. Son dos canciones que han hecho más por despertarme y mantenerme despierto durante los dos últimos meses y pico que todos los cafés con leche que pudieran entrar en un estomago a las 5:50 de la mañana.

La rutina es tan sencilla que casi es pretencioso definirla como tal: la alarma del teléfono empieza a sonar bajito y va subiendo volumen y cadencia hasta apenas despertarme. Aprovecho el impulso necesario para pararla buscando a tientas cualquier el botón correcto para, mientras vuelvo inconscientemente hacia la horizontalidad total, coger los auriculares, colocarme uno en una oreja y darle al botón de abajo del Ipod.

Así empieza la reproducción, aleatoria y con un volumen asumible a esas horas, de una lista restringida pero creciente de “canciones despertadoras”, que me evitan el trance de volver a dormirme tan a gustico diez de cada diez veces. No importa que tenga programada una segunda alarma a las 6:05 por un afán de control y seguridad ante tan plausible eventualidad, porque quien se duerme una vez es capaz de dormirse ciento. A mi lo que me despiertan son las canciones...

La música suena directamente en mi oído (el derecho o izquierdo dependiendo de que lado tuviese turno de almohada en ese momento), filtrándose sin remedio en el subconsciente. Cuando la primera canción va por la mitad o está a punto de acabar ya suelo estar de pie, empezando con el ritual mañanero. Se ha hecho el milagro. Lo que pasa después deja de ser relevante, porque supongo que, salvo por el peinado, seguro que se parece bastante a lo que tú haces.

Tiene merito hacer una canción que sea capaz de despertar(me). No todas lo consiguen, desde luego. No es sólo el ritmo, ni la potencia, ni, desde luego, el ruido en crudo que pueda inyectar directamente por el nervio auditivo a un cerebro atascado en la fase REM a esas horas criminales. Debe tener cierto equilibrio general en la mezcla de algunos ingredientes, entre los que destacan especialmente el mensaje de la letra, el ritmo y la contundencia. Y, también y por supuesto, la actitud que se transmita con la voz, que es fundamental a nivel subconsciente.

Supongo que mi cerebro puede estar casi hibernando pero no es tonto, desde luego. Al menos, es lo suficientemente avispadillo para reconocer la canción cuando suena, coger el mensaje general, destilar alguna idea subyacente y dejarse convencer para activar todos los sistemas del cuerpo para un día nuevo. Suena fácil, pero te juro que es todo un reto a una hora demasiado cercana a la noche del día anterior. Supongo que funciona como un incentivo para funcionar. Como un “despertador por convencimiento” cotidiano. Y lo mejor es que, por ahora, me esta funcionando.

No se cuánto me va a durar este ritmo de vida, que me regala una hora y pico diaria de “tiempo fuera del tiempo” a lomos de un tren. Pero como le he perdido la vergüenza a esto de escribir en público con el engendro bicéfalo, creo que te voy a hablar de vez en cuando de las canciones de esta lista de reproducción. Y es que, aunque no te interesen ni lo mas mínimo, creo para tí puede ser curioso de leer (y para mí curioso de contar) por qué están ahí, con el difícil objetivo de reanimar a un moribundo. Porque hay que reconocerles que, a pesar de ser muy distintas entre si y de que no cantan glorias de mi gusto músico-artístico precisamente, tienen un merito compartido extraño y tremendo: llevo dos meses y pico sin perder un tren que sale puntualmente mucho antes de que los días hayan intentado siquiera empezar a amanecer.

Y tú, que me conoces como si me hubieras tenido que esperar a la intemperie más de una vez (ejem, ejem), sabes que es lo más parecido a un milagro cotidiano que vas a tener el privilegio de presenciar en mucho tiempo.

Así que buenos días…

Goooooooood morning, Viet-Nam!!

lunes 30 de marzo de 2009

¿Cambiar para qué?

Pero, ¿tú quién te has creído que eres? ¿Cómo puedes tratarme así, con este desprecio? ¿Desde cuándo soy de tu propiedad para que me utilices a tu antojo sin que yo tenga derecho a dar mi opinión? ¿Por qué siempre te las apañas para imponer tu voluntad sin pararte siquiera a pensar qué puedo sentir yo o en qué me pueden afectar las decisiones que tú tomas por los dos? ¿Y por qué estamos teniendo esta discusión otra vez, como si fuera una tradición enfermiza y recurrente?

No sé si te diste cuenta, pero anoche en la cama no me pude dormir hasta muy tarde. Supongo que fue más por cabreo con la situación que por falta de ganas, pero no podía pegar ojo. Tampoco sé si ni siquiera te importaba como estaba yo, a decir verdad. Tú habías tomado tu decisión, habías hecho tu discurso justificativo, habías dictado tu sentencia y no había nada más que hablar. "Hasta mañana, que descanses", dijiste. Y te diste la vuelta sin más, dejándome sin derecho a exponer mi punto de vista, dando por finalizada una conversación que ni siquiera llegó a serlo nunca. Supongo que a los pocos momentos estabas durmiendo, igual que tu tranquila conciencia. Pero te informo ahora, ya que ayer parecía darte igual, que mi desconcierto e indignación no me dejaron dormir.

Estoy harto de tu abuso, de que siempre tengas que tener razón con tus justificaciones lógicas y pragmáticas, con tus respuestas para todo, con tus "es lo que toca" y tus "ya verás como no es tan malo". Estoy harto de ser yo el que sufra invariablemente las consecuencias dolorosas de lo que tu mente fría y racional nos impone a los dos. Harto, ¿me oyes?, harto...

Que sepas que lo que para ti supone solamente reestructurar levemente tu esquemita mental, para mí supone una vorágine de adaptaciones, cambios de ritmo, organización, replanificación de horarios, y descalabros psicosomáticos que no eres capaz ni siquiera de imaginar. Y encima, siendo como eres, querrás que esté radiante, contento, en forma y preparado para dar lo mejor de mi mismo delante de tus compromisos de siempre...

Pues siento desilusionarte, pero no. No funciono así. No soy una máquina. Asúmelo ya. Sólo soy un ser humano.

Y mejor será que tengas cuidado con lo que me dices ahora, mucho cuidadito... Porque como se te ocurra siquiera insinuar, como haces siempre, que así podemos ahorrar un poquito más, te juro que no respondo. No me vas a dejar más alternativa que destrozar delante de ti todo lo que pille. Y entonces sí que nos va a hacer falta ahorrar. O también podría tomarla contigo, como tú la has tomado conmigo con esta ocurrencia tuya... ¿A que ya no es tan provechoso a la larga?

Soy tu cuerpo, maldita sea. Y ya va siendo hora de que me tengas en cuenta alguna vez antes de decidir por tu cuenta y "por el bien del hemisferio norte” cambiar de horario otra jodida vez, como todos los años. No me vas a convencer de lo que sé, lo pintes como lo pintes. Y lo que sé con todas las fibras musculares y cartilaginosas de mis tejidos es que me has hecho levantarme a las cinco menos cuarto de la mañana, cabronazo. Y seguro que mañana lo vuelves a hacer…

Que tú serás muy listo, cerebro, pero yo no soy de piedra. Y tómatelo como una advertencia lógica de esas que tanto te gustan: que arrieritos somos, gris, arrieritos somos…