martes 26 de mayo de 2009

Aprender de los profesionales

Es una evidencia que hay que aprender de los que saben. Y eso también va por tí, profesional de mierda.

Después de examinar el magnífico trabajo de desmembramiento que hiciste el otro día, no puedo más que aplaudirte y tomar notas por la precisión, la limpieza, la rapidez y el buen pulso.

¿A quién pueden no revolvérsele las entrañas con la imagen?

Y como quiero demostrarte lo buen alumno que puedo ser y lo rápidamente que aprendo, te voy a explicar cómo voy a aplicarte tu propio método como te pille alguna vez jugando con los retrovisores de mi coche de nuevo:
-Primero te voy a agarrar firmemente el antebrazo, haciendo un poco de palanca para dejarte el codo extendido y la palma de la mano orientada al cielo. Y estate quietecito, que como intentes escaparte puedes hacerte daño.
-Después, apoyando mi hombro en la parte posterior de tu propio hombro, voy a girar tu brazo extendido hacia atrás, mientras te fijo el cuerpo contra el coche con todo mi generoso peso corporal.
-Cuando el giro de tu brazo llegue a su tope máximo, llega la parte complicada. Tengo que tener cuidado para no romperte el húmero por error, no quiero arruinar la pieza de repuesto...
-...así que relajo la presión lateral en el hombro, bajo el mío y vuelvo a cargar en diagonal hacia arriba y hacia el frente, sécamente y con fuerza.

Avances didácticos: ¡Planes de venganza con esquemas ilustrados!

Y ya está hecho. Tienes el hombro dislocado. Si no estuvieras gritando de dolor, hubiéramos podido oir el sonido que hace la cabeza del húmero al salirse de la articulación. Un "crack". O un "plop". Pero es que algo se tiene que romper para que la pieza que te interesa quede intacta, ¿no?

Aún así, tienes suerte de que no necesite un brazo de repuesto, bastardo. Porque a partir de este punto ya sólo harían falta un par de cortecitos y un buen tirón para dejarte con los ligamentos colgando como tú dejaste los cables de mi coche cuando decidiste robar mi retrovisor. Aunque procura que no te pille dos veces, no vaya a ser que me cabree un poco de más y pruebe a ver qué pasa...

Al fin y al cabo, creo que si tú conviertes mi coche en una tienda de repuestos bien te puedo yo considerar un donante de órganos, ¿no te parece, pedazo de escoria?

lunes 11 de mayo de 2009

Miedo

El mecanismo del miedo se había despertado mucho antes de que yo tuviera la menor oportunidad de darme cuenta de qué estaba pasando, sumergido en la inconsciencia del que se siente seguro en esos callejones oscuros que cree conocidos.

¿Y quién me mandaría a mi? Con lo a gusto que estaba en mi casica...

No hubo un aviso previo, ni una música tétrica acompañada de un susto de muerte, ni un ramalazo incendiario de lucidez que indicara lo que estaba a punto de pasar. Sólo una sensación, lentamente creciente, de desasosiego y ansiedad contenida. Indefinible e inidentificable, pero tan real que iba rasgando poco a poco las capas adormecidas que la separaban de la consciencia: cada vez estaba más clara la amenaza de que había algo a lo que temer en esa oscuridad que parecía tan segura hasta ahora mismo.

La traducción somática de la sensación también había comenzado a sentirse, aunque permanecía ignorada por la inercia de un cuerpo demasiado relajado. Así, la boca del estomago se hacía presente con una contracción muscular constante y un recuerdo de sabores amargos. Estaba empezando a estar claro que algo no iba bien: el miedo estaba haciendo su grande-entrée con un redoble de corazón desbocado y una pirueta de pánico ancestral. Ta-daaa.

La reacción psíquica y somática al miedo fue inmediata y abrumadora. La mente se reseteó parcialmente, eliminando todo lo que no era urgente para escapar, para salir vivo e indemne de la amenaza. En aquel microsegundo, no estaba usando el escaso tiempo en buscar por qués ni motivos, porque lo prioritario era huir, correr aunque no tuviera ni idea de dónde estaba ni a dónde tenía que ir. Las referencias que estaban tan claras en condiciones normales se difuminaron y pasaron a un segundo plano que sólo podía ser interpretado por el instinto a un nivel subconsciente y animal.

Mi consciente, tan racional y controlador como cree ser, sólo se ocupaba de traducir las señales sensitivas necesarias para convertir un cuerpo flojo en una maquina de escapar. De eso y de que las primeras maniobras de huida (librarse de estorbos, tensar musculatura, bombear adrenalina, no tropezar con los obstáculos inmediatos) salieran lo mejor posible. La información fluía de alguna manera desde la sala de maquinas instintiva y un puente de mando confuso, caótico y muy, muy asustado.

De repente, me vi moviéndome con una seguridad y eficacia impropia del humano adulto en el que me he convertido (sedentario, conformista, aburguesado). Pero claro, es que me estaba dedicando solamente a escapar de la amenaza que me estaba pillando. A la vez, la parte racional de mi cerebro era un poco más consciente de lo que me se jugaba en esa partida, aunque desde un puesto de espectador, sin ser capaz de entender del todo el movimiento y la locura desatada...

Mientras, el miedo estaba haciendo su trabajo de desinformación perfectamente, y logrando inyectarme en la mente imágenes de las consecuencias de ser atrapado, anticipándome el dolor y la vergüenza, convenciéndome de que no había tiempo, que no había salida, que estaba perdido. Gasolina para el motor de la paranoia que impulsaba la huída desesperada.

Aún con la seguridad de tener al depredador respirándome en el cogote, siempre en el microsegundo previo a que me diera caza, los automatismos de autoconservación grabados en los genes hace un millón de años hacían su trabajo. Y aunque estaba siendo tremendemente rápido, me iba alcanzando. Y aunque ya sabía la dirección y distancia de la escapatoria, me iba angustiando la certeza del momento en el que me iba a cazar.

Ese momento llegó a la vez que el rayo de esperanza me iluminara el ánimo, justo cuando ya llegaba a la seguridad de la escapatoria, en el momento en el que las yemas de mis dedos casi tocaban la libertad del que ha burlado a la muerte, en un climax opuesto al de los finales felices de las películas. Justo cuando podía llamar a las puertas del cielo con alivio, me alcanzó la angustia...

...y nunca estás preparado para el dolor de ese momento... ni para el sonido el líquido que se derrama que viene con él... ni para que el mundo se tambalee y se te doblen las rodillas... ni para ver cómo las salpicaduras se extienden por la pared y el suelo y no puedes hacer nada para retenerlas... ni para el olor dulzón y ácido que te aturde más aún... ni para desear que se acabe lo más rápidamente posible...

Cinci, como se te vuelva a ocurrir darme pollo asado con coco y limón para cenar, te van a tener que sacar del ombligo el papel albal con el que lo envuelvan con unas pinzas fuertes y afiladas. Sin acritud.

Pollo wins! Perfect!

Y ahora, ¿dónde carajo se guarda la fregona y los productos de limpieza en esta casa?... que son las tres de la mañana y tengo que recoger el desastre y controlar los daños antes de que se levante la anfitriona, si no quiero saber a qué se parece un peligro de muerte de verdad...

domingo 12 de abril de 2009

Por bocazas

Zas, en toda la boca.

Justo el día después de presumir con bastante poca humildad de que llevaba dos meses y pico sin perder el tren (a pesar de levantarme antes que las gallinas ponedoras de producción intensiva, esas a las que encienden la luz de madrugada para convencerlas de que ya es de día y empiecen a echarle huevos al asunto), me llegó la preceptiva cura de humildad cuando una azafata soñolienta y aburrida me decía amablemente que "...ese billete tiene fecha de ayer...".

La primera y segunda reacciones de estupefacción y búsqueda frenética han durado muy poco, porque mi cerebro ha reaccionado a la costumbre con aceptación y bochorno. Así que cerré la bolsa y la bocaza,me dí la vuelta y me despedí con un "Buenos días" bajito y correcto (no fuera a escapárseme sin querer la letanía que se repetía en bucle en mi cabeza, esa palabra de dos sílabas con un significado bastante feo y vulgar).

Como ya no tenía sentido volver a casa a por unos papeles inútiles, me he dedicado a rebotar cual pelotilla de squash entre taquillas, mesas de atención el cliente y estancias para personal de cabina del tren, tratando de arreglar un problema de mecánica cuántica. A saber: es algo que se puede solucionar en 3 minutos si te dejan hacerlo a tí (anular un billete, sacar otro), pero que si se intenta solucionar in situ, trabajas 40 minutos para no lograr al final ninguna solución válida. Es pura cuántica: da igual que trastees con el tiempo, el espacio, la energía, los procesos imaginarios y las (nulas) ondas (cerebrales) de los parámetros de partida del experimento...

Acabas incandescente y con amenaza de explosión de partículas. !Ba-da-booom!
"Me tienen ya hasta los orbitales, oiga..."

Al final se ha solucionado como casi todo en esta perra vida: soltando pasta, perdiendo tiempo y rumiando un cabreo. Gajes del oficio de ser humano en occidente, supongo.

El caso es que la anécdota, fuera de la poca (para mi) o mucha (para tí) gracia que pueda tener, viene a confirmar una vez más que está muy feo presumir. O, por lo menos, está muy feo que yo presuma. Porque a esa acción (que no voy a decir que sea del todo inocente, lo reconozco) siempre la sucede una reacción que me da, precisamente, en toda la boca.

Zas.

Algunas de estas veces me ha dado por imaginar que tengo un ángel de la guarda asignado, con atribuciones de agente de la libertad condicional y de protección civil relacionada con mis actos y mi persona.

Y me imagino al pobre diablo (eeeem, es una frase hecha, ¿vale?) en una sala de monitores, reclinado en una silla giratoria y con las alas colgadas del perchero, echando turnos de 18 horas pendiente de mí, tratando de que no me meta en líos ni que la líe parda a mi alrededor con el perjuicio consiguiente que pueda darse en bajas personales y pérdidas materiales. Y, sinceramente, no creo que sea un trabajo fácil ni llevadero. Supongo que es posible que tuviera que escoger entre el paro y yo, y que esté esperando respuesta para su solicitud de cambiarse a guardar a la Winehouse (que por lo menos será más entretenida de proteger...).

El caso es que supongo que, pese a ser un agente del cuerpo de intervención divina, la criatura será aún suficientemente humana para que le lleven los demonios (ejem, tú me entiendes) cuando alguien se quiere atribuir sus méritos, que es justamente lo que intenté hacer yo con el post presumido del otro dia...

Por eso no me habría extrañado nada que hubiese hurdido un plan mefistotélico (jodeeeeer) de venganza, y que trastease los botones precisos para distraerme lo suficiente para confundir los billetes de un día y de otro, y que (cosa impensable en una persona desodenada hasta el caos como yo) no le hiciese caso a ese impulso de comprobar en el último momento la fecha de los billetes que, al fin y al cabo, estaban perfectamente colocados en el sitio de los billetes.

Creo que fue una voz desde mi conciencia interior la que me susurró (creo que con el reverberar de los coros de iglesia o de las megafonías chungas) algo así como "¿Ves como están en su sitio? Tira para la estación, corre, no llegues tarde y estate tranquilo con los billeticos..."
Se descojona, el cabronazo...

Que no digo que no me merezca el escarmiento, que está muy feo presumir y no se debe hacer y todo eso, pero no me parecen formas de ejercer el poder seráfico, la verdad.

Aunque si con ese desahogo se mejora en algo el trabajo del pobretico que se encarga de cuidarme, lo daré por bien empleado. Que me temo que le vienen épocas en las que va a acabar con los cuernos retorcíos (subconsciente, ¡para ya!...) de lo aburrido de mi vida y de la influencia para que me salga todo medio bien.

Que nunca viene mal un ángel de la guarda motivado y cumplidor cuando te metes en jardines laborales y opositoriles, ¿no?...

miércoles 1 de abril de 2009

Good morning, Vietnam...


Muchos de los trenes que he cogido los dos últimos meses hubieran salido sin mí si no hubiera sido por dos chicas del parking de caravanas dando una vuelta, o porque no hay nada malo en un poco de destrucción.

Las chicas del parque de caravanas preceden al ritmillo saltarín y machacón de "Without me", la canción de Eminem. La referencia al "trouble boy" al que le gusta destruir es el principio de las guitarras y la batería de "The fallen" de los Franz Ferdinanz. Son dos canciones que han hecho más por despertarme y mantenerme despierto durante los dos últimos meses y pico que todos los cafés con leche que pudieran entrar en un estomago a las 5:50 de la mañana.

La rutina es tan sencilla que casi es pretencioso definirla como tal: la alarma del teléfono empieza a sonar bajito y va subiendo volumen y cadencia hasta apenas despertarme. Aprovecho el impulso necesario para pararla buscando a tientas cualquier el botón correcto para, mientras vuelvo inconscientemente hacia la horizontalidad total, coger los auriculares, colocarme uno en una oreja y darle al botón de abajo del Ipod.

Así empieza la reproducción, aleatoria y con un volumen asumible a esas horas, de una lista restringida pero creciente de “canciones despertadoras”, que me evitan el trance de volver a dormirme tan a gustico diez de cada diez veces. No importa que tenga programada una segunda alarma a las 6:05 por un afán de control y seguridad ante tan plausible eventualidad, porque quien se duerme una vez es capaz de dormirse ciento. A mi lo que me despiertan son las canciones...

La música suena directamente en mi oído (el derecho o izquierdo dependiendo de que lado tuviese turno de almohada en ese momento), filtrándose sin remedio en el subconsciente. Cuando la primera canción va por la mitad o está a punto de acabar ya suelo estar de pie, empezando con el ritual mañanero. Se ha hecho el milagro. Lo que pasa después deja de ser relevante, porque supongo que, salvo por el peinado, seguro que se parece bastante a lo que tú haces.

Tiene merito hacer una canción que sea capaz de despertar(me). No todas lo consiguen, desde luego. No es sólo el ritmo, ni la potencia, ni, desde luego, el ruido en crudo que pueda inyectar directamente por el nervio auditivo a un cerebro atascado en la fase REM a esas horas criminales. Debe tener cierto equilibrio general en la mezcla de algunos ingredientes, entre los que destacan especialmente el mensaje de la letra, el ritmo y la contundencia. Y, también y por supuesto, la actitud que se transmita con la voz, que es fundamental a nivel subconsciente.

Supongo que mi cerebro puede estar casi hibernando pero no es tonto, desde luego. Al menos, es lo suficientemente avispadillo para reconocer la canción cuando suena, coger el mensaje general, destilar alguna idea subyacente y dejarse convencer para activar todos los sistemas del cuerpo para un día nuevo. Suena fácil, pero te juro que es todo un reto a una hora demasiado cercana a la noche del día anterior. Supongo que funciona como un incentivo para funcionar. Como un “despertador por convencimiento” cotidiano. Y lo mejor es que, por ahora, me esta funcionando.

No se cuánto me va a durar este ritmo de vida, que me regala una hora y pico diaria de “tiempo fuera del tiempo” a lomos de un tren. Pero como le he perdido la vergüenza a esto de escribir en público con el engendro bicéfalo, creo que te voy a hablar de vez en cuando de las canciones de esta lista de reproducción. Y es que, aunque no te interesen ni lo mas mínimo, creo para tí puede ser curioso de leer (y para mí curioso de contar) por qué están ahí, con el difícil objetivo de reanimar a un moribundo. Porque hay que reconocerles que, a pesar de ser muy distintas entre si y de que no cantan glorias de mi gusto músico-artístico precisamente, tienen un merito compartido extraño y tremendo: llevo dos meses y pico sin perder un tren que sale puntualmente mucho antes de que los días hayan intentado siquiera empezar a amanecer.

Y tú, que me conoces como si me hubieras tenido que esperar a la intemperie más de una vez (ejem, ejem), sabes que es lo más parecido a un milagro cotidiano que vas a tener el privilegio de presenciar en mucho tiempo.

Así que buenos días…

Goooooooood morning, Viet-Nam!!

lunes 30 de marzo de 2009

¿Cambiar para qué?

Pero, ¿tú quién te has creído que eres? ¿Cómo puedes tratarme así, con este desprecio? ¿Desde cuándo soy de tu propiedad para que me utilices a tu antojo sin que yo tenga derecho a dar mi opinión? ¿Por qué siempre te las apañas para imponer tu voluntad sin pararte siquiera a pensar qué puedo sentir yo o en qué me pueden afectar las decisiones que tú tomas por los dos? ¿Y por qué estamos teniendo esta discusión otra vez, como si fuera una tradición enfermiza y recurrente?

No sé si te diste cuenta, pero anoche en la cama no me pude dormir hasta muy tarde. Supongo que fue más por cabreo con la situación que por falta de ganas, pero no podía pegar ojo. Tampoco sé si ni siquiera te importaba como estaba yo, a decir verdad. Tú habías tomado tu decisión, habías hecho tu discurso justificativo, habías dictado tu sentencia y no había nada más que hablar. "Hasta mañana, que descanses", dijiste. Y te diste la vuelta sin más, dejándome sin derecho a exponer mi punto de vista, dando por finalizada una conversación que ni siquiera llegó a serlo nunca. Supongo que a los pocos momentos estabas durmiendo, igual que tu tranquila conciencia. Pero te informo ahora, ya que ayer parecía darte igual, que mi desconcierto e indignación no me dejaron dormir.

Estoy harto de tu abuso, de que siempre tengas que tener razón con tus justificaciones lógicas y pragmáticas, con tus respuestas para todo, con tus "es lo que toca" y tus "ya verás como no es tan malo". Estoy harto de ser yo el que sufra invariablemente las consecuencias dolorosas de lo que tu mente fría y racional nos impone a los dos. Harto, ¿me oyes?, harto...

Que sepas que lo que para ti supone solamente reestructurar levemente tu esquemita mental, para mí supone una vorágine de adaptaciones, cambios de ritmo, organización, replanificación de horarios, y descalabros psicosomáticos que no eres capaz ni siquiera de imaginar. Y encima, siendo como eres, querrás que esté radiante, contento, en forma y preparado para dar lo mejor de mi mismo delante de tus compromisos de siempre...

Pues siento desilusionarte, pero no. No funciono así. No soy una máquina. Asúmelo ya. Sólo soy un ser humano.

Y mejor será que tengas cuidado con lo que me dices ahora, mucho cuidadito... Porque como se te ocurra siquiera insinuar, como haces siempre, que así podemos ahorrar un poquito más, te juro que no respondo. No me vas a dejar más alternativa que destrozar delante de ti todo lo que pille. Y entonces sí que nos va a hacer falta ahorrar. O también podría tomarla contigo, como tú la has tomado conmigo con esta ocurrencia tuya... ¿A que ya no es tan provechoso a la larga?

Soy tu cuerpo, maldita sea. Y ya va siendo hora de que me tengas en cuenta alguna vez antes de decidir por tu cuenta y "por el bien del hemisferio norte” cambiar de horario otra jodida vez, como todos los años. No me vas a convencer de lo que sé, lo pintes como lo pintes. Y lo que sé con todas las fibras musculares y cartilaginosas de mis tejidos es que me has hecho levantarme a las cinco menos cuarto de la mañana, cabronazo. Y seguro que mañana lo vuelves a hacer…

Que tú serás muy listo, cerebro, pero yo no soy de piedra. Y tómatelo como una advertencia lógica de esas que tanto te gustan: que arrieritos somos, gris, arrieritos somos…

jueves 26 de marzo de 2009

Experimento Reloaded

Son las 6'52 y estoy saliendo de la estación.

Ayer, sin tener ni idea cómo pasó, perdí un post enterito que ya tenia casi listo para publicar. Y me quedé con la cara de desconcierto del Sabina cantando aquello de "...quién me ha quitado el Word de ahí, cómo pudoooo sucederme a mí...".

Resulta que el sistema operativo de la PDA no contempla el concepto de “papelera de reciclaje”, tan útil para los torpes que borran las cosas sin querer, así que ya sé por qué la mía es HP: Hija Puta.

Después de los lamentos y las maldiciones, una vez que asumí que no había nada que hacer para recuperarlo, cerré el Blogger, apagué el ordenador y me fui rezongando a la cama: "no me podía haber pasado con uno de los textos cutres, no... Se me borra justo el que explicaba el experimento este de escribir en el tren… Cagüentó...".

Y ahora, plenamente consciente de que no voy a tratar de escribir aquello que ya estaba satisfecho de haber escrito, te toca soportar el resultado de otro experimento de los que hablaba: prepárate porque esto es lo que te espera de aquí a unos meses.

Mientras mi asiento cabecea a casi 300 km por hora, yo tecleo en un teclado plegable a pilas que se comunica por bluetooth con mi PDA de segunda mano. El hecho puede ser risible en un tren lleno de currantes especializados y de aparatos más modernos (y caros) que mi montaje de chismes.

"Voilá, el gabinete del Doctor AKAligari. Jia, jia, jia..."

El resultado del tecleteo será como el de siempre: unos días tendré mucho que contar, otros poco. Algunos estaré lírico y soñador (si no directamente dormido) y habrá días que supure mala leche. Aunque hay una novedad: lo que salga en este trayecto de 45 minutos te va a llegar en forma de post al factor casi intacto, porque aprendí hace bastante tiempo ya que no soy bueno editando textos. Es que me pasa que, cuando me releo, acabo descartándolo todo o reelaborándolo todo o matizándolo hasta el extremo todo de nuevo. Y acabo aburrido del tema, de las formas, de las ideas y de mi mismo y mi pesadez. A mi me funciona el "aquí te escribo, aquí te mando". No es un afán de superación que ojalá tuviera. Creo que se llama soberbia y presunción, espero que en pequeñas dosis no tóxicas.

Así que lo que pretendo es sacarme esas espinitas de ganas de escribir afiladas a base de PDA y teclado bluetooth, desinfectar un poco los pinchazos con el agua oxigenada del corrector ortográfico (que estoy echando mucho de menos mi eñe y mi tilde al lado de mi meñique derecho en este teclado yankee) cuando llegue a casa por la noche, y ponerme las tiritas insertando alguna fotillo si tercia y dándole al botón de "publicar".

No sé lo que saldrá de estos "experimentos" (en principio y por tu bien, espero que tochos más cortos de los normales). Pero, oye, la verdad es que, hasta ahora, tampoco he sabido nunca cómo iban a cerrar las heridas cuando me ponía delante del teclado para dejar actuar a mi factor de curación.

Son las 7'24 y estoy llegando a la estación. Experimento terminado. Ya me darás informe de resultados.

lunes 23 de marzo de 2009

Treinta y cuatro

Cuando lo primero que se te viene a la cabeza al pensar en "34" es que son las dos ultimas cifras del número del Reglamento europeo de 2007 que compila en 250 paginas otros 22 Reglamentos que ya te tenías que haber estudiado, es que no hay mucho que decir de la cifra en cuestión, irrelevante donde las haya.

Porque mira que es un número feo... No es primo, no evoca nada, no se te viene a la cabeza de forma espontanea, no tiene un mote para cuando juegas al bingo, nunca pensarías en él para un "te lo do si aciertas el número entre 0 y 50 que tengo en mente..."

No hay (ni habrá jamás) una novela del futuro ambientada en el siglo 34, ni una histórica en el año 34 A.C., ni Sherlock viviría en el 34b de Baker Street, ni se fundaría un imperio entre las 34 colinas junto al Tíber. Nunca oirás hablar de los 34 espartanos en las Termopilas, de la pelea final de la novia contra los 34 maniacos, de la banda de la calle 34, de piratas de los 34 mares buscando cofres llenos de piezas de a 34, de la vuelta al mundo en 34 días o de la chatarra que hizo la Carrera Kessel en menos de 34 parasegundos. Batman nunca tendrá 34 modos de contraataque contra el malo de la UZI (17 desarman al mínimo contacto, 16 matan y 1… duele…). No vendrán 34 millones de naves de ningún planeta Raticulin. Ni habrá que reunir 34.000 dólares para comprar ese Mustang cascadísimo para llevar a la animadora rubia al instituto. No rodaran Rocky 34, ni tendrás sólo 34 balas en el cargador del rifle de pulsos de la USCM mientras bajas en el ascensor en busca de Nut. No habrá un grupo de condenados al patíbulo de 34 miembros en una misión suicida para matar al Führer. Ni disfrutarás una aventura de 34 semanas y media con esa rubia. Nunca serán 34 samurais. No marcaremos cuando sólo falten 34 segundos para acabar la final. Nunca vivirás 34 vidas.

También hay ventajas, quiero ser justo: no hay que cumplir 34 mandamientos; ningún asesino en serie va a llegar a las 34 víctimas; no hay ningún deporte en el que recordar a los 34 componentes de la alineación; no tendrás que trabajar las 34 horas del día; ninguna receta comestible va a tener 34 ingredientes macerando después de 34 minutos de cocción; el capitulo 34 de esa novela coñazo se lee en un santiamén; la mayoría de los muebles de IKEA tienen menos de 34 piezas; no hay mal que aguante a 34 horas de sueño; con 34 euros puedes invitar a tomar algo a casi todo el mundo; hay historias de amor verdadero que duran 34 minutos, horas, días, semanas, años o vidas; nadie te tiene que repetir las cosas 34 veces para que te enteres…

Pero he cumplido los 34 años (el tiempo escapa y las felicitaciones son bienvenidas) y algo tenía que decir sobre la cifra más insulsa del mundo.

Y aunque me siento como cuando tenía solo 33 años, no te voy a mentir en esto:

Ya estoy deseando cumplir los 35.

sábado 28 de febrero de 2009

Parafraseando: "¿Qué sucedería si...?"

Buenas. Este parafraseo va a pelo, sin explicaciones previas. A ver si adivinas por qué me ha llamado la atención mientras leía una novelita facilona:

<<
Rómulo guardó silencio durante un rato, luego preguntó de nuevo:
-¿Qué sucedería si nos alcanzaran?

Aurelio dudó un instante antes de responder.
-Los peligros se afrontan en el momento en el que se presentan. Augurarlos no hace sino empeorar la situación: el temor aumenta, la amenaza los agiganta a causa de nuestra imaginación. En cambio, cuando uno se encuentra de improviso frente al peligro, nuestra mente moviliza en un instante todos sus recursos, nuestro cuerpo se ve invadido por un poderoso flujo de energía, los latidos del corazón aumentan, los músculos se expanden y se endurecen, el enemigo se convierte en un blanco a batir, a hacer pedazos, a aniquilar...

Rómulo le miró admirado.
-Tú no eres sólo un soldado, Aurelio. Eres también un guerrero...

-Sucede cuando durante años debes vivir en medio de amenazas continuas, de horrores y destrucciones, de matanzas y calamidades, de torturas y servicias. Hay una bestia que duerme en cada uno de nosotros: la guerra la despierta.

-¿Puedo preguntarte una cosa?

-Por supuesto.

-¿En qué piensas cuando estás en silencio durante horas y ni siquiera oyes mis palabras si te digo algo?

¿De veras hago eso?

-Sí. Tal vez mi conversación te aburre o te fastidia.

-No, César, no... Yo trato solo de..., trato de...

-¿De qué?

-De recordar.>>

Valerio Massimo Manfredi

La última legión.
La verdadera historia de Excalibur.

lunes 23 de febrero de 2009

Oscar

Después de la música y las presentaciones de nominadas se hace el silencio. La presentadora toma aire y pronuncia la frase obligada:

"And the Oscar goes to...

(...sólo se escucha el chasquido del papel del sobre al abrirse y la emoción contenida...)

...¡Pe!"

Y sube la música y estallan los aplausos. Y en la pantalla dividida en sectores se agranda la cara sorprendida y emocionada de la premiada, que abraza a su madre, con las lágrimas al filo del párpado y la boca abierta en un gesto de incredulidad.

Los aplausos llenan el auditorio con un estruendo grave. Y mientras la premiada sube despacio y tambaleante la escalinata del escenario desde su asiento en primera fila, el realizador enfoca de refilón las caras de compromiso y las sonrisas forzadas de las demás nominadas, que aplauden con corrección política y muchas ganas fingidas. La extranjera se lleva la estatuilla.

...yo siempre he pensado que ese espadón y su filo están demasiado cerca de zonas sensibles...

Después de los besos y los abrazos, y del gritito de sorpresa y nervios, Pe empieza a hablar:

“No van a ser 45 segundos, ya os lo puedo decir…
¿Alguien se ha desmayado aquí alguna vez? Porque yo podría ser la primera en hacerlo.
Muchas gracias a la Academia. Quiero compartir esto con mis compañeras nominadas y con las increíbles y grandes virtudes con las que he tenido el privilegio de trabajar en esta ocasión.
Gracias, Aka por confiar en mí para hacer esta preciosa labor, gracias por haber escrito en todos estos años algunos de los papeles para actitudes más grandes. Y no puedo hablar de grandes ocasiones para actitudes sin agradecer a mi amigo Tiempo de Currar haberme hecho parte de tantas de sus aventuras.
Quiero dedicar esto a mis padres, Constancia y Sacrificio, y a mi hermano Tesón y a mi hermana Inteligencia, y a todo el mundo que me ha ayudado desde el principio. Ya sabéis quiénes sois, gracias de corazón.
Crecí en un lugar llamado AkaelMendas, donde llegar aquí no era un sueño muy realista. Y donde, todas las noches de entrega de premios, me quedaba despierta para ver el espectáculo. Y siempre sentí que la ceremonia era un momento de unidad para todo el mundo, porque el trabajo, en cualquiera de sus formas, ha sido y seguirá siendo un lenguaje universal para conseguir metas.
Tengo que decir algo más, a todos los que desde las oficinas y bibliotecas están ahora compartiendo conmigo este momento y sientan que esto es de ellos, se lo dedico. Y a todas la fortalezas de mi estilo. Muchas gracias. Thank you so much”.

La música vuelve a subir, y los aplausos siguen con el homenaje a Pe, a nuestra Perseverancia, que se lleva un Oscar a casa por su brillante actuación durante el tiempo de estudio para la oposición pasada.

Desde la grada, con varios galardones a toda su carrera, le aplaude otra Pe, Pereza, más experimentada y conocida en este mundillo. Con su pose de diva madura, segura y sonriente desde la experiencia y la sabiduría de mil películas y bastantes años como la estrella absoluta de esta industria, la vieja Pe se explica a sí misma el difícil camino que le espera a la premiada los próximos meses, cuando le pidan una actuación mejor cada día en el rodaje de la secuela de este año. Y se pregunta si la aplaudida Perseverancia responderá a las expectativas o se hundirá como pasó con aquella Cabezonería (Ce) tan pizpireta o con la seria Responsabilidad (Re, la llamaban) de hace un par de temporadas

“Disfruta el triunfo, novata”, piensa, “pero no te olvides que el espectáculo debe continuar… y como flojees ahora me volverán a llamar a mi como la protagonista absoluta de la peli, jia, jia, jia...”

sábado 14 de febrero de 2009

FDC Servicio Público: Consejos para ligar (1)

¡¡Nueva sección, nueva sección!!

En su afán de constante diversificación de contenidos para generar material que supla de algún modo la falta de experimentación en propias carnes que se avecina en mi vida los próximos meses, este blog raro estrena sección. Además de las que más te gustan: sin pies ni cabeza y totalmente alejada de la dinámica del Factor (si es que existe...)

Con esta serie de posts pretendo un objetivo simple pero fundamental: Dar servicio público compartiendo sabiduria y conocimientos. Instruir divirtiendo. Formar y capacitar personalidades para afrontar las vicisitudes y necesidades vitales que puedan surgir en el azaroso paso por la existencia. O, dicho de otra manera, colgar cosas que encuentre en internele sobre cualquier tema que venga un poco a cuento. Y ya... Aprende y disfruta.

Buen día, estudiante.

Hoy es 14 de febrero. Día de San Valentín según el santoral (y de un montón de santos más que luego aprenderemos). Día de los enamorados según el Corte Inglés.

La búsqueda del amor es fundamenal para el mantenimiento de la especie y para la salud mental y física de la población. Por ello, hoy aprenderemos cómo dar los primeros pasos en este azaroso y complicado mundo.

En primer lugar, examinemos este caso práctico del que se pueden extraer valiosas lecciones:


Hemos podido observar claramente los plateamientos clásicos de la conquista: atracción, fingimiento, poder, reconocimiento, violencia, victoria y, en perífrasis, culminación. Un ejemplo aplicable, con unas necesarias adaptaciones, en nuestra época actual.

En segundo lugar, para aquellas personas que necesitan las cosas más claras y, además estén orgullosos de sus orígenes humildes y sus valores un poco chapados a la antigua, he aquí una "hoja de ruta hacia el amor" de corte práctico e instructivo.


La maestría en el uso de la rima, la higiene personal, el dominio del contacto físico, los objetivos claros desde el principio y la erudición relacionada con el santoral. Un maestro entre maestros.

Bien, estudiante, hasta aquí la lección de hoy. Ya conoces las tecnicas para ligar si eres un individuo antigüo, machista, superficial, retrógrado, feo, pendenciero, egoísta y malhablado, como millones de hombres que salen todos los fines de semana y a los que ahora no tienes nada que envidiar por mucho musculito y mechas que luzcan ante las féminas.

La lección de hoy ha terminado. Vete al recreo con tus millones de amiguitos. Hasta el próximo día.